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El día que se perdió la cordura

El día que se perdió la cordura.

El libro tiene 89 capítulos de aproximadamente 3 hojas cada uno, y un epílogo que anuncia que podría haber segunda parte, es decir, una saga. En los tiempos actuales las sagas están de moda y, salvo contadas excepciones, no leo sagas. Pero yo no sabía que lo era.

El autor, Javier Castillo, explica que auto-publicó el libro en Amazon. Publicar en Amazon es relativamente sencillo. En todo caso, todo esfuerzo individual es bienvenido, particularmente si se trata de libros.

Lo que pretendo es contarles mi experiencia leyendo su libro.

Pasé por una librería donde se ofrecía como una gran historia. La contraportada dice “Una historia trepidante que mantiene al lector con el corazón el vilo… Adrenalina pura”. No es cierto.

Un grupo de personas denominados los 7 se encarga de asesinar mujeres porque su líder/maestra/guía, ha soñado con ellas y ese solo hecho basta para que deben morir. No recuerdo la mención a razones significativas, excepto “me lo dijo un sueño”.

Esta mujer de nombre Clara, les ordena hacerlo y la secta -no se si son una secta realmente- lo hacen. Es un hecho que ha ocurrido durante más de 17 años en todo el mundo, en muchos países. La policia ni enterada, otras organizaciones de los gobiernos tampoco. La novela menciona la existencia de un libro que contiene las fechas y nombres de miles de mujeres asesinadas, pero esto es un hecho que pasa desapercibido en nuestra sociedad interconectada. Los únicos consientes de estos acontecimientos son los protagonistas.

Ellos son Jacob y Amanda, quienes se conocieron solo un día, cuando ambos eran adolescentes. Habían planeado un paseo que nunca se llevó a cabo. Ella desaparece, presuntamente asesinada por su madre Clara, que es la líder/maestra/guía de los 7.

Y ya.

El autor intenta apoyarse del cliché del amor. No me convence que luego de aquel efímero día Jacob y Amanda se enamoren con tanta intensidad, que él la busca durante largos 17 años sin poder encontrarla. Hasta que… 

Amanda reaparece convertida en Stella, una agente del FBI que no reconoce a Jacob porque… porque si. Y ya.

Jacob aparece en mitad de la calle, desnudo y con la cabeza de una mujer, recientemente asesinada, entre las manos. A Stella le asigna el caso del “Decapitador de Boston”. Ella lo interroga pero nunca, nunca lo reconoce.

Aunque el autor tiene buenas intensiones, se queda en eso. La novela es un relato ligero que pretende entretener y lo hace a medias. No logra que nos identifiquemos con los personajes. No logra crear la suficiente atmosfera de complicidad. La historia no cierra. En el epílogo aparece una persona a quien apenas se mencionó. 

En fin, tengo la impresión que si un autor no puede contar su historia en una única narración entonces no sabe como contar su historia. Siento que eso es un poco tirar los dados a ver que pasa.

Y mira que lo dice alguien que quiere publicar un libro en Amazon.

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